En esa memoria no genética que es la cultura de un pueblo, hay dilemas que se transmiten de generación en generación sin poder encontrar resolución. La antinomia civilización o barbarie pertenece a esa clase de dilemas en la historia de nuestro país. Vigente sobre todo en momentos en los que los conflictos de interés entre grupos sociales antagónicos alcanzan su punto más álgido, constituye una especie de marca registrada de nuestra cultura política. Usada una y otra vez como clave interpretativa de nuestra siempre conflictiva identidad nacional, ha contribuido -como no lo hizo ninguna de las otras antinomias que atraviesan nuestro imaginario político y cultural- a cimentar nuestro mito fundacional: el mito de las dos Argentinas. Sin embargo, lejos de permanecer en su significación siempre idéntica a si misma, esta dicotomía se ha ido transformando y resignificando conforme la apropiación que han hecho de ella las diferentes tradiciones político-culturales.
Al respecto, me interesa analizar en este escrito los usos que sobre la misma hicieron la tradición liberal-conservadora de principios del siglo XX y luego el peronismo. Entiendo que comprender el modo en que la antinomia civilización-barbarie fue interpretada por estas dos importante tradiciones políticas, puede ayudarnos a comprender las actuales disputas simbólicas que se libran en nuestro país.